Joy Fleming hizo una representación enérgica, pero de tanta y tanta energía que casi acopla el micro. Sus largos collares al vaivén del ritmo, ese vestido verde, dos litros de laca y maquillaje espeso, dió un carácter a un tema que no consiguió los beneplécitos del jurado, sólo 17 puntos y el decimoséptimo puesto, que más da, más loca y más fantástica no se puede salir en Eurovisión. Se trata de 1975 y quizá era demasiado moderna para su época. Acompañada con unos coros geniales liderados por Madeline Bell, gran artista de jazz, recibieron una ovación del público sueco en la sala del St. Eriks Mässan Alvsjoe de Estocolmo. Los taconazos del director de orquesta, inolvidables para los restos de la vida...
Esta gran mujer había nacido en Rockenhausen (Alemania) en 1944. Era una afamada cantante de jazz y blues que inició su carrera artística en 1958, aunque el verdadero despegue fue en 1968 formando el grupo Joy & The Hitkids. Su carrera en solitario empezó en 1972 con el single "Neckarbrückenblues".
La letra de su canción "Ein lied kann eine brücke sein" -Una canción para tender un puente- en alusión a las dos Alemanias tuvo mucha repercusión posterior y por llevar mensaje político encubierto en referencia a la Europa de los bloques (comunista y occidental capitalista).
Joy sigue con su carrera en activo y se presentó más veces para representar a Alemania de nuevo en Eurovisión. Fue cuarta en las Finales de 1986 y segunda en 2001 y 2002. Es todo una diva pop en su país a sus 63 años sin dejar de trabajar. Su último trabajo es "Meine Welt" (2007).
Por eso, por toda su carrera y su magnífica canción la nombramos canción del mes.