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Millstreet 1993
autor de la imagen: Archivo municipal de Millstreet
fuente del artículo: eurovision-spain.com
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Millstreet 1993 (Archivo municipal de Millstreet) | fuente: eurovision-spain.com

Cuando Eurovisión se celebró donde nadie se lo esperaba

REPORTAJE
#EurovisionSpain16JUL
16
 JUL
  2019

No tengas miedo de Maastricht. En este repaso a las ciudades y sedes más peculiares del Eurofestival comprobarás que el tamaño no importa, sino el empuje de sus promotores, la modernidad del recinto elegido o las ganas de promocionar turísticamente un área determinada

El tesón y empeño de AnneMarie Penn-te Strake, la jueza retirada que desde el año 2015 ejerce como burgomaestre  -alcaldesa- de Maastricht, están poniendo un puntito de sal y pimienta al tradicional secano estival eurovisivo gracias a la pujante candidatura de su ciudad para resultar elegida como eurosede en 2020. Cuando la alfombra ya enrollada de Tel Aviv parecía lista para extenderse por las vanguardistas calles de Róterdam, surgen interesadas noticias sobre un teórico favoritismo de la capital limburguesa que ponen de manifiesto que estas carreras entre ciudades del país organizador nos amenizan el veranito y tienen entretenidos hasta que, poco antes del otoño, algún anciano mandamás albanés mande por burofax la lista de cantantes del siguiente Kënges dando así por inaugurada la pretemporada musical eurovisiva.  

El hecho de que Maastricht aparezca como gran rival de la favorita Róterdam nos hace ver que no siempre ha de ser la ciudad más poblada, popular o políticamente importante quien acoja nuestro evento favorito y, desde que la UER acepta candidaturas con unos requisitos muy básicos, cualquier población europea con un gran espacio cubierto de techo alto puede soñar con ser la eurosede. La cosa del 'Dónde' está de lo más animada. Aprovechando el empuje de Penn-te Strake con su ciudad, vamos a hacer un repaso por aquellas ciudades europeas que acogieron el festival y hoy en día categorizamos como sedes pintorescas, exóticas o simplemente curiosas.

https://www.youtube.com/watch?v=NlO4Y3-cPm0

Vídeo promocional de Maastricht para su candidatura a Eurovision 2020


Y la primera parada es, lógicamente, Lugano. Nunca olvidemos que Eurovision es un spin-off de Sanremo. Y que Sanremo nació en 1951 en lo que era una pequeña localidad turística costera de capa caída por la posguerra gracias a la voluntad del dueño del Casino local y su amigo, el entonces director de orquesta de la RAI, quienes pensaron que la mejor idea de revitalizar aquella zona sería organizando entre flores y olas del mar un festival musical.

Pues cuando la UER, con el gran Marcel Bezençon al frente, decidió en 1955 echar adelante aquel proyecto paneuropeo, también eligió una pequeña localidad suiza como era Lugano, la novena en población del país, y un casino-teatro, el Kursaal, donde tan pronto se escuchaba una 'canzonetta' como se apostaba a los dados. Y es que si hicieramos la prueba del patrocinador de la pasada edición al propio festival saldría un alto porcentaje de ludopatía. Así que cuando te digan que de donde viene la tradición de apostar en Eurovisión, diles que está en su ADN: ¡vio la luz en un casino! La elección de Lugano en 1956 era un paralelismo más con papá Sanremo: pequeña ciudad costera -del lago homónimo, eso sí-, turística e italoparlante. 
 
https://www.youtube.com/watch?v=VOZegXPTJBw

Grabación cinematográfica del Lugano de los años 50 como promoción turística


Tras Lugano llegó Frankfurt, porque entonces la norma se pensaba que sería una organización rotatoria entre países, algo que imitaría décadas después Eurovision Junior. Aunque esta elección no tiene nada de exótico, de aquel lejano 1957 nos quedamos con el nombre más largo de una sede, Große Sendesaal des hessischsen Rundfunks, muy alejado del 'branding' en el 'naming' del AHOY de Rotterdam o el MECC de Maastricht que tanto escuchamos estos días.

Quizás la elección de Hilversum, ciudad que rondaba los 90.000 habitantes en el 58, nos parezca extraña hoy en día, pero parafraseando a la ínclita Aramis Fuster: "Historia, querida". La de la televisión en Europa occidental no se entiende sin citar a esta villa neerlandesa que desde hace casi 100 años acoge emisoras de radio y, desde su creación como medio, cadenas de televisión. Es allí donde siempre han estado los estudios televisivos en los Países Bajos y todavía hoy es el centro audiovisual más importante del país. De aquellas ondas surgieron emporios como Endemol que aún mantiene muchas de sus sedes en la zona. 

Algo parecido pasaba con Cannes, no era la villa francesa más importante ni más grande, pero en el plano mediático tenía un peso enorme al ser donde se organizaba el famoso festival de cine que, curiosamente, también nació en su día inspirado en otro evento Made in Italy: el Festival de Venecia. El Palacio de Festivales de Cannes apenas tenía 10 años cuando acogió Eurovision 1959 y era de los pocos que contaba entonces en en el país galo con el equipamiento necesario para retransmitir un programa en directo para todo el continente. RTVE debutaría también allí en 1961 con Conchita Bautista pisando el mismo escenario donde dos meses después Luis Buñuel recibiría la Palma de Oro por Viridiana

El viaje en el tiempo nos detiene en otra curiosa elección, la de 1964. De entre las grandes urbes italianas llama la atención que la RAI seleccionase a Nápoles tras la rotunda victoria de la Cinquetti, nacida en Verona, y no Roma, Milán, Turín, Génova o mismamente Venecia. Aunque si nos fijamos en los autores de Non ho l'etá, tanto Colonello como Panzeri eran milaneses, pero el tercero y de legado musical más importante, Nicola Salerno, era napolitano. Suyo es el todavía hoy hit global de 1956, Tú vuó fare l'americano. La eleccion pudo ser también porque, apenas dos años antes de la celebración del Eurofestival, la RAI había inaugurado el modernísimo Auditorio Scarlatti en el distrito napolitano de Fuorigrotta con toda clase de hitos acústicos, uno de ellos era acoger el órgano musical laico más grande de Europa, y por lo tanto era la opción más idónea.

Tampoco podemos olvidar que si hablamos de música en Italia, es inevitable que nos refiramos a Nápoles como la patria de la canción popular italiana gracias a un legado que luego supo exportarse al mundo fusionado con el jazz y el swing que se escuchaba en sus bares americanos durante la posguerra. El cancionero napolitano nutre a compositores y artistas como Renato Carosone, Roberto Murolo o Mina. Fuera por la razón que fuese, Nápoles supuso una sabia decisión para un país que respeta, cuida, conoce y ama su música.

https://www.youtube.com/watch?v=HpfN5V6JgFE

Pieza de la RAI en 1963 sobre la inauguración del moderno Auditorio Scarlatti en Nápoles que acogería Eurovisión 1965


Otra sede que causa sorpresa entre muchos fans al revisar la historia es la de 1974 en la ciudad balneario de Brighton. Le habría tocado de nuevo a Luxemburgo pero el coste de los 2.000 mil policias que tuvieron que pedir a Bélgica y Alemania para garantizar la seguridad del evento ante el debut de Israel un año después de la tragedia de Munich les dejó las arcas temblando. Así que la elegida tras la negativa luxemburguesa fue la BBC. Valorando la coyuntura del momento, decidieron organizarlo en la localidad costera  por excelencia de Inglaterra, una ciudad de unos 170.000 habitantes que permitía controlar cualquier movimiento de entradas y salidas. Además poseía en su Dome Pavillion un buen escenario de prestigio para conciertos, sin ir más lejos, Pink Floyd había presentado allí internacionalmente dos años antes su mítico Dark Side of the Moon.

La de 1974 es una edición recordada por las extremísimas medidas de seguridad debido a la amenaza del IRA y la presencia israelí. Había controles constantes para la prensa y las delegaciones. Tal era el celo y la tensión que cuando ganó ABBA, dos guardias de seguridad retuvieron brevemente a Bjorn y Benny al no reconocerlos cuando fueron llamados al escenario para recoger el premio. Paradójicamente, el imagotipo de aquel año era una paloma de la paz sujetando un micro, y terminó ganando una canción con título de guerra. 

https://www.youtube.com/watch?v=FnOV7JchpF0

Curioso reportaje de Informe Semanal realizado en Brighton durante la semana del Festival de 1974


Sin duda la localidad termal de Harrogate, en el condado de York, es otra de las sedes más curiosas de Eurovisión. Seleccionada para 1982, en pleno apogeo de la ola conservadora Thatcheriana que había arrasado unos años antes en las elecciones, fue casualmente en esta demarcación donde registraría el candidato de la Dama de Hierro uno de los mejores resultados electorales en el país. Con la guerra de las Malvinas declarada 20 días antes, todavía olía a pintura fresca en aquel Centro Internacional de Convenciones recién inaugurado para la ocasión, el más grande del país hasta entonces. Y es que desde el siglo XIX, esta tranquila localidad había acogido conferencias de diferentes gremios como reclamo para aquellos que buscaban salir de zonas industriales urbanas, ofreciendo la bondad de sus aguas termales a los conferenciantes.

Con la victoria de Bucksfizz en Dublín, la BBC recibió la propuesta de Harrogate cuando todavía estaba construyendo su auditorio. Lo presentaban como que sería el más moderno del país en equipamiento e, incluso, sorprendía por su estructura totalmente futurista. Coincidía que justo antes del verano de 1982, la televisión pública tenía previsto grabar en aquel nuevo auditorio una serie de 10 programas de lo que hoy llamaríamos un 'talent show", presentado por el músico David Essex y titulado David Essex Showcase, así que con el sarao eurovisivo unas semanas antes, la logística se aprovechaba y la cadena amortizaba los equipos trasladados. No obstante, incluso para los propios británicos la pregunta con la que empezó aquella edición resultó totalmente apropiada, pues no muchos sabían responder "¿Dónde está Harrogate?".

https://www.youtube.com/watch?v=mATm2HF0RcE

Intro de la BBC en el festival del 1982 con la pregunta ¿Dónde está Harrogate? en los idiomas participantes


Casinos musicales, estudios de televisión, estudios de cine, auditorios, palacios de congresos, ferias de muestras, teatros, estadios deportivos o incluso la sala de conciertos del Palacio Imperial de Viena. Todo estos recintos que podían encajar de alguna manera con la naturaleza del concurso habían acogido los festivales de Eurovisión hasta 1992, pero algo inédito ocurriría en 1993, cuando un recinto ecuestre al que la BBC llamó 'establo' en uno de sus reportajes sería la sede elegida para celebrar el certamen de aquel año. 

Linda Martin conseguía en Malmö el cuarto triunfo irlandés. Anteriormente, el pequeñísimo Teatro Gaiety de Dublín y el Pabellón Multiusos Simmonscourt de la Royal Dublin Society habían sido las sedes elegidas, y ahora tocaba buscar un nuevo alojamiento eurovisivo en la Isla Esmeralda. Entonces un emprendedor millonario llamado Noel C. Duggan, perteneciente a una saga de constructores que desde el siglo XIX había diseñado y construido estructuras metálicas en todo el país, decide ponerse en contacto con la RTE mediante una carta que, según cuenta, comienza a escribir cuando todavía no habían terminado las votaciones porque intuía que Martín (sic) -como la llama Massiel- sería la ganadora.

Les cuenta que en su pueblo, Millstreet, de apenas 1.500 habitantes, está finalizando la ampliación y modernización con las últimas tecnologías de un recinto ecuestre que venía funcionando desde 1973, en el que ya se celebraban pruebas hípicas de salto pertenecientes al campeonato de Europa y tenía la intención de ampliar las instalaciones para celebrar todo tipo de competiciones equinas. Imagina la cara de sorpresa en Dublín pasándose la carta de departamento en departamento, aunque está claro que el influyente señor Duggan tenía ya sus contactos. Tardaron dos meses en responderle, según Noel, "hasta que se pararon de reir", pero durante su primera conversación con 'su amigo de la RTE', el empresario desliza un dato importantísimo que transforma la incredulidad en regocijo: la televisión pública irlandesa no pagaría nada por aquel espacio llamado Green Glens Arena en honor a su canción favorita, Green Glens of Antrim

Hay que tener en cuenta que ahora, y ya entonces, el coste del recinto siempre es uno de los más altos a la hora de organizar el festival, y más en aquellos tiempos en los que apenas había patrocinios. Así que la RTE aceptó la propuesta del señor Duggan que como constructor y propietario del recinto convenció también a las fuerzas vivas del condado de Cork para dar su apoyo a la candidatura. Efectivamente comprobaron in situ los mandamases de la tele irlandesa que aquel pintoresco pueblecito tenía en marcha un recinto que podría servir de plató de televisión... y a coste cero. Firmaron y anunciaron al mundo que Eurovisión 1993 sería en Millstreet. 

https://www.youtube.com/watch?v=msAp0thyetQ

Pieza de noticias sobre la llegada a Millstreet de la parafernalia eurovisiva en 1993


Honestamente, más allá del chascarrillo, aquella decisión para el espectador europeo apenas tuvo ningún impacto: el festival se emitió sin problemas, el sonido funcionó bien, el escenario aparecía como una estructura moderna visualmente en línea con los decorados televisivos más vanguardistas de los años 90 y los artistas hablaban maravillas de las gentes del pueblo que se volcaron con el evento. Sin embargo, en el capítulo de Lecciones Aprendidas, y como legado para las televisiones que se ciegan ante las ofertas de "Gratis Total", se citan bastantes hechos que explicarían el porque desde entonces y hasta ahora no se ha vuelto a repetir un 'Millstreet', y es que hay importantes razones más allá del olor a caballo que siempre cuenta Eva Santamaría o la alergia a los equinos que tenían miembros de varias delegaciones, como la finlandesa, que les amargó la experiencia eurovisiva. 

En primer lugar, la localidad no contaba con hoteles para las delegaciones y se tuvieron que organizar constantemente autobuses lanzadera comunicando el pueblito del señor Duggan con Killarney y Cork que era donde estaban los artistas y sus 'troupés'. Trayectos por carreteras estrechas con setos a los lados pasando por aldeas como Ballydaly -en la foto principal con las fuerzas vivas esperando la eurocomitiva a lo "Bienvenido Mr Marshall"- y siempre escoltados por la Gardai irlandesa. Lo mínimo que duraban esos viajes era entre 45 minutos y una hora. Apenas había transporte público y tuvieron que ampliar la modesta estación de tren local con una segunda vía para permitir frecuencias simultaneas de ida y vuelta entre Millstreet y las localidades cercanas. 

No había agenda de eventos para las delegaciones que se tuvieron que aburrir muchísimo en los días sin ensayos. El director de orquesta alemán Norbert Daum cuenta que una tarde de paseo vio a un pescador y le pidió unirse a él el resto de la semana para hacer algo productivo. La RTE también tuvo que pagar las dietas de sus trabajadores y orquesta desplazados y transportar todo el material desde Dublín a Millstreet que suponía tres horas y media de viaje por carretera. Como nos dirían en nuestras casas: lo barato, sale caro. 

Desde Millstreet, e incluso en los últimos años con las 'batallas de ciudades' que la UER promociona para recibir candidaturas sin apenas filtros, siempre se han seleccionado capitales de país o grandes ciudades como Birmingham y Dusseldorf. Solo Malmö nos devolvió a una sede de pequeño tamaño porque deliberadamente querían "reescalar el festival" tras los fastos azeríes. Así pues, si tenéis pensado ir a Países Bajos en 2020 y son Arnhem, Maastricht o Den Bosch las elegidas, no sufráis. Pensad que al menos no olerá a caballo.

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